domingo, 10 de febrero de 2013

Piccolo Grande Amore

Mi intencion pasaba por paparme todas las #littlesecretfilm, pero, bah, no tengo ni repajolera idea de cuando se cumpliria tal cosa. Teniendo en cuenta mi nefasta memoria y mi contrastada pereza para dejar notas tomadas, vamos al tajo.


Supongo que a cualquiera con un minimo de apego sentimental (o incluso emocional) por la trayectoria de Jordi Costa, el enfrentarse a una pelicula dirigida por el, y mas parapetado en el entorno de este proyecto marciano (nada de guion escrito, rodar en tantas horas y todo eso), tenia que imponerle un minimo de respeto por si el resultado era una mierda pinchada en un palo. Obviamente, si tal cosa sucediera esta entrada no existiria.

Horas despues de habermela tragado me lleve un rapapolvo por ir silbando el Por Ese Hombre de Pimpinela. Este temazo (siempre lo fue) sirve para escenificar el vortice de la historia, y el hecho de que se pegue de manera inevitable tras un par de escuchas (de ahi la bronca) parece cuadrar mejor su necesaria aparicion en una fabula a tres bandas: el amor, lo italiano y en si mismo el concepto de la trinidad. Practicamente arrastra (y arrasa) las premisas basicas de la historia: el desamor que provoca la españolisima irrupcion de un Dyango que crea un trio argumental al alimentar un conflicto.

Costaria entender una pelicula tan aparentemente desnuda sin algun tipo de juego referencial, y el comentario de texto que se realiza a partir del videoclip sirve en cierto modo para escenificar la fiesta de imposturas: un arcano demente, tres mujeres, un monaguillo y Claudio, una serie de personajes que dan vida a lo que en algun caso se ha considerado trash, pero que uno ve mucho mas cercano al arrebato. El pequeño gran amor dinamitando la existencia, revistiendose en desfasadas recreaciones pOp que saltan por los aires al convertirse en el gran conflicto de arquetipos mundanos.

No imagino a Costa pretendiendo una historia ni medio normal, y la aparentemente aleatoria disposicion de los elementos argumentales parecen obedecer a esta intencionalidad tocapelotas. Ese fantasma continuo de lo italiano como conflicto arrebatado podria tener su reflejo mas coherente en Ignatius Farray, pero son las tres actrices quienes de manera contenida contextualizan una pesadilla urbana de falsas ilusiones de manera cuasi teatral. El pequeño amor se descubre en ellas, en su voz y sus alucinados parlamentos. Es en este punto en el que desaparece el gran temor que quien suscribe tenia antes de poner la pelicula: que un espiritu mostrenco fuera el eje unico e imprescindible. Y no, Farray tiene momentos memorables, pero solo al escupirse ellas lo penoso de sus rutinas podria construirse la pelicula. El Piccolo Grande Amore seria, en cierto modo, el complemento perfecto para una sesion doble junto a Diamond Flash (y de la participacion de Vermut me entere por los creditos).

No puede evitar echar de menos algo mas de perfeccion tecnica (eh, que los tiempos lo permiten, señores), pero al fin y al cabo el cine no puede ser solo eso, nunca lo ha sido. Despreciar por ello implicaria quemar varias decadas de archivo filmico que de ninguna manera se pueden equiparar a la depuracion actual. Costa & Co abrazan la locura desde lo que tienen que ser las bases: la historia y su interpretacion. Esto, lo que forma el conjunto, es lo que reviste de grandeza lo que casi parece una distopia de lo cultural.


Piccolo Grande Amore (2013) #littlesecretfilm from Jordi Costa on Vimeo.

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